5th Street

 

Siempre admiró la opacidad de quiénes lograban ocultar tras una mirada serena las emociones más profundas. Él sin embargo y muy a su pesar, siempre fue un libro abierto. No hacía falta la sinceridad, ya que su rostro hablaba muchas veces por él. No siempre bien, no siempre de la mejor forma. Pero con un segundo, su mirada revelaba sus cartas. Imposible jugarse un farol mientras gritas en silencio que prefieres abandonar.

Todo sería mucho más simple si las reglas no marcaran un camino continuo de apuestas arriesgadas. Reglas por las que más que nunca, las cartas boca abajo tenían un papel determinante. Sin posibilidad de retroceder, y con opciones muy reducidas de enmendar un error.

Y así, sin estrategia y con miedo, armado únicamente de la convicción de ser capaz de ganar, se confió a la suerte y se unió a una partida eterna.

Hagan juego.

 

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