Maldito Gary Oldman

A veces me sorprendo a mi mismo pensando todavía en ella y sigo sin entender bien los motivos. Quiero decir, por supuesto que conozco el motivo: me volvía loco. ¿Cómo iba a hacerlo si las primeras palabras que cruzamos fueron una oda mutua a Heath Ledger? No, no fue un flechazo lo que sentí. Sólo unas ganas enormes de seguir conociéndola al ritmo del alcohol que marcaba su inagotable afán por invitar.

A los 10 minutos aquello era irrefrenable. Quería follar con ella pero no sabía si empezar por la mente o por el cuerpo. ¿Es esta frase un recurso barato para justificar mi deseo sexual? Puede que sí pero yo no lo veía así. Tenía tantas ganas de entregarme al placer físico como de seguir discutiendo sobre la filmografía de Cristopher Nolan. El problema es que como ya he mencionado fue un encuentro marcado por el alcohol y en esas condiciones puedes pasar de quejarte por que Colin Farrell no tenga un Óscar a un gatillazo. Aún a día de hoy no sé cual de las dos le habría sentado peor.

La historia continuó como cabía esperar: con resaca y lagunas. Unas nueve llamadas perdidas, un guante perdido (como me jodió aquello) el despertar en paradero desconocido y el intercambio de mensajes confusos de la mañana siguiente:

Me tengo que ir

¿Quién eres?

Tal cual, como ya dije, muy loco todo. Sentía que esa historia era tan ridícula como atractiva y peligrosa. Y continuó, claro. Lo siguiente que supe de ella, que le gustaba Quentin Tarantino. Vete a tomar por culo, como a todo el mundo que se las da de cultureta (yo incluído) ¿Me había engañado? Para nada. De su boca salieron dos palabras que me convencieron de que aquella historia me perseguiría durante años: True Romance. Creo que, sin lugar a dudas, es lo más excitante que una mujer me ha dicho jamás. Esto tiene una explicación clara: a cualquiera puede gustarle Quentin Tarantino pero ¿Cualquiera conoce esa joya llamada True Romance (traducida por estas latitudes como Amor a Quemarropa? No, no podía estar mintiendo. Aquella era una señal clarísima del universo.

Recuerdo haber ido a ver Django Desencadenado con ella a unos cines dignos del final de Malditos Bastardos. Aún siento como si fuera ayer mi vegija a punto de reventar por haber pensado a media película “Me espero para ir al baño que no quedará mucho”. Fue una velada maravillosa que como idiota finalicé con dos besos y un billete de bús de vuelta a casa.

Además estuve a punto de ser su primera vez. No sexual ya que por aquel entonces lo más cerca que estaba yo del sexo era a través de la misma pantalla desde la que hoy escribo esto. Ella estaba a punto de, por primera vez… ver Star Wars. Conmigo. Estaba tan caliente que con 40º de fiebre no me quedó otra que cancelar el plan. Aquél revés fue el principio del fin.

El problema que surgió fue la falta de un lenguaje común. Ella me hablaba en versión original sin subtítulos y yo esperaba a que sacasen las explicaciones en castellano. A medida que pasaban las semanas, me sentía como Leonardo di Caprio con los Óscar: tan lejos y tan cerca a la vez. Hasta que la distancia llegó sin yo quererlo a ese punto insalvable en el que las situaciones naturales tienen una atmósfera de artificialidad que agobian.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Yo me he enamorado, he follado, he llorado, he reído y he bebido. Me consta que ella ha hecho lo mismo. Lástima que no pueda preguntárselo, hace tiempo que acabé condenado al ostracismo del doble check azul sin respuesta. En estos años mucha gente me ha hablado de ella. Que si no era para tanto, que si no saben que la vi y un largo etcétera de facciones negativas que me empeñé en ocultar bajo un filtro no disponible en instagram: la irracionalidad.

Supongo que si tuviera que sacar una moraleja es que en el fondo todo se reduce a que tiendo a magnificar las oportunidades que dejo escapar. También que mi yo presente juzga sin piedad a mi yo pasado. Lo mismo pasará en unos años cuando mi yo futuro lea esto. Soy muy desagradecido conmigo mismo.

El caso es que en la actualidad sigo sin mi guante, vuelve Star Wars, Tarantino estrena película y Di Caprio vuelve a sonar para los Óscar. Y pienso que quizás me sobran los motivos.

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