Fango y marionetas

Hace 3 meses Salvados emitió un programa dedicado a la cobertura mediática de según qué asuntos políticos: La máquina del fango. En conjunto este episodio hacía una crítica al “miente que algo se queda”, táctica que por desgracia es habitual en algunos de los medios de comunicación españoles más seguidos. La descontextualización, las verdades a medias y el escaso interés por rectificar son otros de los aspectos que llamaban la atención en esta (necesaria) crítica a los medios.

Hoy estamos viviendo un nuevo episodio de “máquina del fango”. Los protagonistas son dos titiriteros que no podrán leer esta entrada porque están en prisión incondicional. Fueron contratados por el Ayuntamiento de Madrid para realizar una función en las calles de la ciudad como parte de las celebraciones de Carnaval. Una obra satírica con elementos políticos algo que no es para nada criticable: muchas obras de arte tienen política y la libertad de expresión es un derecho que debería garantizar que todas, nos gusten más o menos, puedan ser exhibidas.

Fue catalogada por el Ayuntamiento como “obra apta para el público infantil” y este es el error que ha generado el efecto dominó. Una obra teatral política a mi parecer, exige un público con la suficiente capacidad intelectual como para analizarla y descubrir su significado. Además varias escenas representaban violencia. En resumen, calificar esta actuación de apta para el público infantil me parece vender Disney y proyectar Tarantino. ¿Culpa del Ayuntamiento? Sí. ¿Culpa de los titiriteros comenzar la obra viendo que su público era mayoritariamente infantil? También. No veo ni veré más polémica en este asunto que el hecho de haber representado una obra ante un público no apto para la misma.

Por lo que no paso es por el delito que se les inculpa: apología del terrorismo. Uno de los elementos de atrezzo de la obra era una pancarta en la que se leía “GORA ALKA-ETA”, un juego de palabras entre Al-Qaeda, ETA y alkatea (alcalde en euskera). Un elemento de atrezzo es un objeto utilizado en una ficción por exigencias de guión. Las esvásticas en las películas sobre la IIª Guerra Mundial y los gritos “Heil Hitler” en las mismas ¿Son el significado final de la obra o elementos necesarios para crear la ambientación deseada? ¿Hay apología al nazismo en esas escenas con las calles de Berlín llenas de parafernalia nazi?

Sin embargo estos matices que la población debería conocer para juzgar por si mismos lo ocurrido se han mostrado en mi opinión desde una perspectiva acusatoria, condicionando la reflexión de la audiencia. No se ha dado lugar a supuestos, se ha vinculado directamente a la alcaldesa de Madrid con lo sucedido y se ha comenzado a utilizar para reforzar la teoría sobre la simpatía entre el entorno de PODEMOS y la banda terrorista ETA.

El Ayuntamiento ha cesado ya a la responsable del Carnaval por el error de catalogar la obra como apta para el público infantil. Mientras, la oposición liderada por el PP sigue exigiendo dimisiones, incluida la de la alcaldesa Manuela Carmena pero no en base al error de la clasificación por edades de la obra sino al supuesto delito de apología por terrorismo.

Lo que realmente me molesta de este asunto es que la misma obra se interpretó en una ciudad gobernada por el PP y no hubo entonces denuncia, detención ni acusación por apología. Los titiriteros han tenido la mala suerte de llevar su arte en las calles de Madrid, donde todavía se respira la incredulidad del PP por verse fuera del poder. Y los medios, ya sea por afinidad política, por falta de independencia o por diferencias con Ahora Madrid han seguido el juego.

Lo peor es la sensación de que en realidad da igual lo que les pase a los dos titiriteros mientras sirvan como arma arrojadiza. Lo peor es ver como el sistema judicial ha seguido el juego y ha vuelto a mostrar algunas de las carencias que en este país existen en el ámbito de la libertad de expresión. Lo peor es pensar que dos artistas callejeros han traspasado una línea que no sabían muy bien donde estaba situada y que de repente pueden enfrentarse a penas de más de 4 años de cárcel. Y lo peor es que una vez más las rectificaciones pertinentes se realizarán (de realizarse, claro) en espacios mediáticamente intrascendentes.

La máquina del fango está en marcha y a cada minuto que pasa, ya sea por solidaridad o por descontento hacia ciertos sectores de mi gremio, tengo más ganas de gritar a pleno pulmón “JE SUIS TITIRITEROS”.

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